Colegio Alemán de Temperley
Colegio Alemán de Temperley
publicado el 14 de Noviembre de 2014

Proyecto: El Arbol Sagrado

Leyendas de Pueblos Originarios, que invitan a enraizar..

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FUNDAMENTACIÓN:
Como valor humano, trabajar con historias ancestrales es una propuesta que nos acerca a la mirada y a la voz de los pueblos en toda su diversidad y riqueza. Las historias populares forman parte valiosa del patrimonio cultural de los pueblos.
Los que conocemos el valor de la transmisión oral como modo de vínculo entre las generaciones, debemos apostar a que este vínculo no se pierda, sino que, por el contrario, despliegue toda su potencialidad, y trascienda más allá de lo literario para ser un símbolo de la humanidad, condición que nos une y hermana.
Entre tantos aprendizajes que llevamos en estos 8 años en el Taller de Teatro, a través de los diferentes grupos de niñxs que van pasando y dejando huellas, con su entusiasmo, sus preguntas, el impacto que les provocan las herramientas brindadas y las historias, los aprendizajes que sienten madurar a través de ellas.. las historias son apenas una excusa para aprender recursos del código teatral. Sin embargo, como excusa, es una de las más hermosas que he encontrado para llevar adelante el taller en estos últimos años.




El teatro como herramienta pedagógica nos muestras su mayor fortuna: saber salvaguardar lo colectivo frente a la tendencia individualista. El teatro se hace en grupo, se vive en grupo, se vibra en grupo.
Y la historias ancestrales atravesadas en este contexto, nos invitan a un trabajo que alimenta los procesos creativos individuales y grupales, y supera el entrenamiento técnico del cuerpo escénico, nos permite metaforizarlo, volverlo cuento, crear mi historia dentro de la dada, modificarla, pensarme en diferentes personajes, dar vida nuevamente a un hecho simbólico que no sabemos si existió tal cual (¡"¿Eso pasó de verdad seño?"!), pero sí de alguna manera, y pues si no pasó, su recreación hará que nos pase hoy, a nosotros, juntos, en el presente compartido.




Este año, hemos vuelto al origen.. a las leyendas de pueblos originarios cercanos (que habitaron territorio argentino). Pero con una mirada simbólica más afinada en su selección: estas leyendas nos invitan a enraizar, en sentido metafórico y literal.
Volver al origen, para nosotros este año, fue volver a la tierra. Echar raíces, sabernos permanecer en quietud, escucharnos las palabras y lo escondido dentro de los silencios de árbol, profundizar nuestra imagen vegetal y ser semillas que laten.. trabajar mucho con nuestros piececitos descalzos, sensibilizarlos y darles mucho cariño, sentirnos firmes desde la base, pero con ramas flexibles para que no se rompan con el viento, y dejarnos crecer buscando al sol, su luz, su calor; abrirnos en flor, anidar pajaritos que nos canten en las mañanas, y cuidarnos y regarnos entre todos, con calidez, buenos tratos, y fortaleciendo nuestra maravillosa capacidad humana: registrar al otro.





En el proyecto fue intención de este taller promover un contacto comprometido entre adulto y niños a través de la práctica, de la palabra, la mirada, la experiencia a través de los lenguajes artísticos, la sensibilización, la reflexión y la construcción colectiva; una práctica que pueda dejarnos huellas positivas que perduren en el tiempo, en busca de un presente y un futuro donde el respeto mutuo y los valores humanos nos permitan crecer en armonía.


El que sueña puede más que el no sueña."
- Tradición Mbya Waraní -


..Y de pronto, ocurre la magia.. y nos transformamos en árbol.

Las 3 leyendas seleccionadas comparten un mismo símbolo. En ellas algún personaje termina transformándose en un árbol por diferentes motivos.
Estas metáforas vienen a abrir múltiples significados en cada persona, y se alejan bastante del viejo modelo que ofrecía a la moraleja como sentido único, plano, unidireccional, que sesgaba otras posibilidades de interpretación y aprendizaje.
Pero, en este caso, para estar realmente abiertos a percibir la multiplicidad de significados que ofrecen estas historias, nos encontramos con un problema esencial: la experiencia actual que tenemos de la naturaleza las personas que vivimos en la ciudad es pobre. Y como consecuencia, nuestro conocimiento de ella también.

Nuestra experiencia es la que está sesgada desde el principio y eso dificulta que nos identifiquemos con este tipo de símbolos, y se sientan lejanos, pues nuestro entorno no estimula ni ofrece experiencias valiosas que nos vinculen con la naturaleza y nos permitan sentirnos parte de ella.


"Toda la tierra es una sola alma,y somos parte de ella.
No podrán morir nuestras almas. Cambiar, sí que pueden;pero no apagarse.
Somos una sola alma como hay una sola Tierra."
- Canto Mapuche -


Nuestras instituciones están cubiertas de cemento, rodeadas de más cemento, los espacios colectivos carecen de pedazos significativos con tierra y plantas, ya casi no hay árboles en los patios de las escuelas, o en las veredas, y los niñxs de las ciudades comienzan a sentir ese impacto sobre sus cuerpos externos e internos.

Y lo seguirán sintiendo cada día más mientras no puedan transitar las veredas y las calles, e interactuar con el mundo físico como tuvimos la posibilidad muchos de nosotros en nuestra niñez.

De hecho, Howard Gardner, dentro de su teoría de las inteligencias múltiples, detalla la importancia de una Inteligencia Naturalista, que estuvo muy desarrollada en nuestros ancestros, cuando la supervivencia misma dependía de nuestra capacidad de movernos con sabiduría en nuestro entorno.

Hoy, con el avance del nuevo mundo tecnológico que nos rodea, un niño en la ciudad sabe más de la última play station o programa de t.v., que del tipo de plantas con las cuales puede alimentarse o curarse.
La realidad es que la posibilidad de percibir nuestro entorno está en nuestra naturaleza y no desarrollarla implicaría cerrarnos al sentir, crearnos una barrera. Y sentir, desde el afuera (a través de los sentidos físicos externos) y desde el adentro (interviniendo desde nuestra percepción intuitiva y nuestro bagage de subjetividades, emociones y saberes previos) es una necesidad humana tan importante como el expresar. De hecho, quizás sea un punto de referencia previo a la expresión, ¿qué expresaríamos si nunca sintiéramos nada? si hasta cuando digo no sentir nada estoy poniendo un marco donde conozco que alguna vez sentí.




Ahora bien, en un contexto pedagógico, debemos ofrecer a los niñxs la posibilidad de desarrollar y entrenar su capacidad de sentir y expresar (expresar en el amplio sentido, tanto desde la oralidad y escritura, como en la capacidad metafórica que desprenden los lenguajes artísticos). Lo que implica ofrecer experiencias alternativas a lo virtual-tecnológico y recuperar estas habilidades humanas naturales, para que sigan su curso, y armonicen otros aspectos polarizados en las ciudades, brindando puntos de referencia de bienestar a los niñxs.
Pues para cualquier ser vivo no da lo mismo tener una experiencia positiva, activa e integral con la naturaleza que no tenerla. Aún habitando las más enormes ciudades, una persona que tuvo dicha experiencia podrá volver sobre ella, revivirla y reconectarse con esta naturaleza (que está afuera y adentro, puesto que es parte suya y las personas son parte de ella) cada vez que lo necesite. Y esto sin dudas marcará una diferencia en su autopercepción integral y la percepción de lo externo.




En medio de este panorama a veces desalentador, en un mundo amenazado ecológicamente como el actual, después de siglos de negligencia y descuido de nuestro entorno y sus bienes naturales, puede decirse que la educación ambientalista, ecológica o naturalista es un verdadero imperativo, ya no sólo ético sino de auténtica supervivencia.

Pero para trabajar con el afuera, quizás debiéramos empezar por uno mismo, e ir expandiendo luego esa transformación.

Y confío hoy que si "enraizamos" un poquito tendremos un gran camino ganado, pues siempre es más difícil trabajar las capas internas de uno que el afuera, pues allí se juega lo que somos y lo que deseamos ser


"Gracias a los niños he aprendido que el teatro es una historia de un día de lluvia que hay que cambiarla al día siguiente cuando sale el sol". Jorge Díaz (dramaturgo)




Ahora, expuesto el problema, siento que las soluciones posibles se encuentran a nuestro alcance, pues considero que tenemos un gran punto a favor: trabajar con niños es trabajar la tierra fértil.



Ellos son las propias semillas y no temen reconectarse cuando se los invita con calidez, enseguida quieren descalzarse, trabajar en el suelo, sentirse árboles, dejar volar su imaginación.. Ellos comprendieron desde el principio y comprenden cada vez más, a partir de lo trabajado, lo que se esconde detrás de las historias aún sin poder explicarlo. Pues Su naturaleza es estar armonizados con La naturaleza.

Todos originariamente somos naturalistas, todos los niñxs manifiestan tempranamente un interés por los animales, por la plantas, curiosidad por los fenómenos naturales. Pero cuando el cemento va sellando los poros que nos conectan con la totalidad de la vida, más difícil se vuelve sentirnos seguros de que eso es lo natural, comenzamos a dudar de nuestras percepciones y sensaciones y respetamos lo absurdo con tal de no romper las normas sociales establecidas, al punto de querer manipular nuestro entorno para cumplirlas.



Los múltiples colores y formas que aparecen en el jardín..

A lo largo del primer período, más dedicado al trabajo corporal, su exploración, la creación de metáforas y su entrenamiento dentro de juegos dramáticos colectivos, pudimos vivenciar experiencias de búsqueda de nuestro propio árbol. Se probaban formas diferentes con el cuerpo en construcciones individuales, en parejas, en subgrupos, componían un gran árbol entre varios niñxs o pequeños jardines en el cual cada uno era un árbol diferente.

En esas exploraciones identificamos las partes de un árbol, y cómo dichas partes podrían articularse con partes de nuestro cuerpo. Aparecieron asociaciones de los pies como raíces, las piernas y tronco corporal como un tronco firme de madera, los brazos y cabeza como ramas, hojas, copas pobladas de frutos, flores, pájaros, etc..



La forma era clara, era precisa, pero también demasiado fija y homogénea, y empezaba a aparecer la idea de que eso debiera ser así.

Observando estas experiencias, me planteaba la paradoja que llevaba mi deseo de trabajar el universo creativo en los grupos, traspolando lo que hay de único, lo diverso que propone el mundo vegetal (diversidad que también se manifiesta en los otros mundos, el mineral, el animal, y el humano!) cuando un esquema se vuelve fijo, se cristaliza.

Entonces comencé a plantear la indagación de otros tipos de plantas que conocieran, mientras les proponía trasladar sus formas al cuerpo. Aparecieron, enredaderas, arbustos, yuyos, plantitas de todo tipo. Sin embargo el esquema se repetía: los pies abajo, la cabeza arriba.
En un momento hasta pensé que eso estaba bien si ellos sentían que era así, pero en el fondo me sentía en falta con lo ofrecido en el proceso que avanzaba. ¿Tenían opciones de pensarse diferentes?


En el "nivel medio" y en el "alto" componían el mismo esquema a lo sumo modificando y torciendo los brazos y posición de la cabeza.
Pero en el nivel bajo, que supone estar al ras de suelo, ocurrió el dilema. Un grupo de pronto se muestra acostado, espalda al piso y levantan sus brazos y piernas al techo, "Esta es mi planta seño!", y me pareció buenísima. Era una planta realmente única.

Lo que no suponía es que otros pequeños no estuvieran de acuerdo. En su esquema, ese modelo no era posible, algunos comentarios fueron: "Esa planta está al revés!", "Si no tiene raíces se muere" (fijando a los pies su lugar de raíz). Pero, "Podría ser un pastito", dijo otro abriendo las posibilidades.

Y así fue que abrí un trabajo más largo, de pensar al árbol o planta que elegiríamos en cualquiera de sus estados o etapas vitales. El trabajo de "la semilla que crece" fue muy clarificador para ellos, les abrió muchas opciones, pues luego de transitarlo, comenzaron a realizar las formas más diversas y aceptarlas como posibles sin señalarlas como que estuvieran mal. Algunos empezaron a decir que simplemente eran semilla, cuando estaban en el suelo, o brotecito, o verduras que brotan directamente al ras. Otros se animaron a ser plantas en cuatro patas, o en tres mientras levantaban una pierna cual brote buscando el cielo.



Recién luego de tanta exploración creo y siento que pueden elegir, en el amplio sentido, hacer su árbol de pie, sentado, de cabeza o como más les guste. Y eso me alegra, ya que "estar enraizados no es estar parados, sino conectar con la tierra.."